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1.
El fútbol debe ser uno de los pocos juegos de pelota en el que la simulación es parte del juego. Eso de alguna manera lo vincula con la Ficción, especialmente con el policial más que con la épica. Porque en el momento del foul entramos en una pequeña escena del crimen, apareciendo instantáneamente: una víctima, el victimario, testigos y la policía. Varias combinaciones son impredecibles, así como las consecuencias. El cúmulo de fuerzas que se disparon para provocarlo, serán incognoscibles (Portugal vs. Holanda) e inquietantes. Todo puede variar en el espectro que va del policial analítico al policial negro (del inglés al norteamericano). Tal vez la víctima no es víctima y penalizan a un inocente; tal vez el victimario siga impune; tal vez los testigos se agarran a palos entre sí; tal vez el policía (el árbitro y su pito discordante e intruso) viene corrupto del túnel o se ve sujeto a las presiones del poderoso. ¿Acaso el fraudulento penal a favor de Italia (vs. Australia) no ha sido un pequeño drama, un policial negro, siciliano? Y por supuesto, la maravillosa tecnología de la televisión, ha permitido la existencia de un narrador omnisciente, dinámico dios ubicuo con extraños atributos: el telebim, el zoom, la repetición, la mirada periférica, la cámara lenta, el tití fernández (así, con minúsculas) circulando por bancos y vestuarios (como el soplón que usan los ladri -y los star-reporters- sopapeándolo de tanto en tanto por algún rincón).
2.
He leído, divertido, en este mismo espacio, inquietudes y críticas al juego poco bonito de Brasil (al momento que escribo, aún no sé si le gana a Ghana). Es que Brasil juega casi sin motivaciones: 5 copas mundiales, garotas, fama, dinero, ser favoritos. Uno los ve jugar “hasta ahí”, a mínima, y adaptándose al juego del rival. Sin embargo, basta una motivación para provocarlos y hacerlos brillar, sacar lo mejor de sí. Por ejemplo, jugar con Argentina. Fijénse que todas sus propagandas nos tienen por rival (en su imaginario de spot publicitario), que en su sueño colectivo, la final es Brasil vs. Argentina. No sé si es para envanecerse (de un lado o del otro), pero creo que cuando nos crucemos (si eso ocurre), Ronaldhino tratará de reir, Ronaldo querrá bicicletear, las escapadas y contrataques serán brutales, Kaká pateará de media cancha como un poseso, y Cafú tendrá 20 años menos. Somos, hoy, su única razón de vivir, su única razón de jugar bonito (cada vez que digo Brasil, extraño ese pequeño paraíso que es Illha Grande: todo panorámico, todo azul…).
3.
A veces, veo un partido más como un campo de fuerzas y relaciones aerodinámicas, que como una conjunción de estrategias, destrezas y trucos (tal vez, por deformación profesional). ¿Sabían que la pelota, al girar con efecto, se comporta como un perfil alar, y por eso comba, por una fuerza de sustentación? Hacer rotar jugadores, insuflar nuevas fuerzas a través de los cambios o, por otro lado, que se pierdan jugadores súbitamente enrojecidos, provoca nuevas relaciones de fuerza. Como un tanque o una cisterna de aire, en ciertos sectores se forman remansos donde la pelota queda estancada; o se establecen corrientes canalizadas (siempre se entra por izquierda, por ejemplo). No hay forma: por más que protestamos y gritamos, nunca abren a la otra punta, como si fuese un corredor imantado; o también, se forman corrientes adversas igual que el salmón a contra corriente y frente a un salto de agua. ¿Por qué insisten queriendo gambetear y hacer túneles derrumbados por el medio, cuando es tan evidente que no se puede, que la pelota vuelve y vuelve como ante un dique? ¿Por qué no vadear el obstáculo, y “desbordarse” por los costados? Por otro lado, ¿no es sugestivo que algunas palabras empleadas en los relatos de fútbol, remitan a la náutica y a la aerodinamia? Acaso, ese tiro del Maxi Rodríguez contra México, ¿no siguió una curva parabólica de extraña belleza matemática? Es como si ese tubo de aire en el aire, ese surco de mínima fricción, haya sido trazado milésimas de segundos antes, cuando Bilardo decía in off “¡pegale, Maxi!”: oráculo súbitamente iluminado. Y uno, en la ebriedad del momento, atina a intuir la intervención de un dios griego de la velocidad, y dice: “¡Qué maestro! ¡Qué genio! ¡El pibe nos salvó! ¡Dios es argentino!”
4.
Alemania vs Argentina es una Final anticipada de éste Mundial, que duda cabe. Por supuesto, se barajan todas las combinaciones y opiniones posibles a medida que se descartan día a día, nuevos elementos. Aquí, donde me contengo trabajando, todos especulamos y analizamos componentes sicológicos, físicos, mediáticos y/o corporativos, pero es imposible saber qué sentiré en la tardecita del viernes, cuánta energía se disipará sobre las pantallas de TV. como pararrayos o jaulas de faraday, una vez que el arbitro termine el encuentro. Yo le voy a dar duro a mi deseo: que sea emocionante, que esté lleno de buen fútbol, que sea limpio y difícil como promete y, por supuesto, que ganemos. Nos venimos preguntando por qué tenemos que sufrir tanto. Creo que porque las mejores cosas se consiguen con esfuerzo, y con la inteligencia para administrar el uso de los recursos disponibles. Hoy, Pekerman cuenta con un pack de supervivencia por demás completo. Todo será poderoso y posible el viernes, una vez que el campo de fuerzas en Berlín, quede activado a las 17.00, hora local.
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Crónicas Germanas
Trackback by adventure travel in central america May 30, 2007 @ 8:19 pm