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Ponelo a Messi la puta que te parió
Ponelo a Messi la puta que te parió
La literatura es un acontecer de ficciones, de excesos de confianza y de crueldad. Ella da créditos de verosimilitud a patrañas impresentables. El fútbol no le va en zaga.
Las 15.55 del 10 de junio de 20006, ya resuena en mi televisor familiar la única transmisión que llega del partido, la de Telefé, con la melodía vocal chillona y compadrita de Waterclos, junto a su tutor televisivo, el vejete Niembro. Me tomo un Reliverán para evitar los posibles vómitos. Los muleros de TyC Sports dijeron durante semanas enteras que iban a pasar todos los partidos, pero resulta que en las señales que tengo de esa cadena no aparece ningún partido. Ahora ya estoy a pocos minutos de terminado el match, los ramplones se suben al caballo resultadista y gritan como desesperados “Gran acierto de Pekerman en poner a Crespo y Saviola”. “Había que ganar y se ganó”.
Argentina es un equipo que da las doce antes de la una.
Abbondanzieri conformó. La novedad es que no fue un desastre, jugó correctamente, puso bolas, lo que significa una revolución tan resonante como sería darle la tierra a los que la trabajan. Saviola entusiasmó en los primeros 15 minutos del segundo tiempo, quizá el mejor momento del equipo, una efímera brisa de sabor a fútbol apetecible. Por fin pude ver jugar bien a Ayala una vez en la vida, espero se repita. Luego firmo una eximición de prisión para los políticamente correctos Sorín, Burdisso y Maxi Rodriguez. El cancherito de Heinze por ahí resulta molesto con eso de hacerse el guapo, pero cuando va a cabecear la verdad que da gusto ver tanto huevo bien puesto. Crespo hizo un gol de rebote, también corrió y picó para distraer marcas. Bien, pero tampoco creamos que fue figura.
No se cual será tu nombre, pero Espanto es tu apellido
Mascherano. Su actuación fue entre horrible y abominable, se iba a esconder entre los centrales y no sintió ninguna vergüenza en perder todas las pelotas que pudo y permitir que los morenos hincaran sus colmillos de marfil en las más íntimas carnes de nuestra defensa.
Riquelme. Tiene la facultad de encrespar mis nervios hasta el punto de fusión del titanio. Que Pekerman no cambie jamás a Cambiasso del equipo -aún cuando su deambular lúdico sea un desastre ecológico como lo fue hoy- vaya y pase; la posibilidad de que el blondo cisne de los lagos del mediocampo y el disfónico deté se desgarren sus respectivas telitas es una buena razón pues ya lo dijo Paul A. Oid: “el amor es la mayor de las razones de estado”. Pero soportarlo a Riquelme cuando le baja la regla me da cólicos. El esbelto morochín del Villareal es un exquisito cuando juega bien, pero a veces se lapida en su propia e infausta abulia tal cual le sucedió en los últimos 25 minutos del segundo tiempo. Obsesionado en jugar para atrás, cometía -aparte del conocido pecado de horizontalidad- un acto aberrante de negligencia futbolística cuyos defectos devastadores son varios y concomitantes: una de ellos es hacer que no puedan prosperar las oportunidades de contragolpe posibles que de generarse permiten aumentar el score y asegur el partido. Muy extraño es esto, dado que en el Boca de Bianchi el susodicho enganche ejecutaba esta tarea a la perfección habilitando con rapidez en contras memorables a Palermo y Delgado, pero esta vez no supo aprovechar una sola pelota de contra para servir al ingresado Palacio. Otra defección resultante de este síndrome es la imposibilidad de llevar el juego al campo rival, territorio seguro donde si cobra sentido ese apotegma que dice que “ahora es momento de tener la pelota”. Lo eficaz a la hora de establecer la posesión de balón con sentido de retención, pérdida de tiempo y “en una de esas poder hacer otro gol”, es tenerla adelante; no del medio para atrás donde cada robo del contrario es medio gol. Esa asquerosa obsesión de ralentizar y tirar para atrás el balón hacía que habilitara a los volantes centrales o defensores nuevamente en vez de intentar trepar en el campo y generar cambio de ritmo hacia delante. Y esos volantes y defensores convidados con verdaderas “papas calientes” terminaban presionados y la perdían, regalándole situaciones de peligro al rival.
Seguimos la marcha germana, la esperanza no se ha muerto más de lo que estaba fallecida, y casi me arriesgaría a decir que ya respira despacito. Algunos viejos fantasmas del riesgo y el terror se volvieron de pronto eficacia, aunque en cambio aparecieron algunos inesperados nuevos jinetes del Apocalipsis.
El Messi as viene llegando
si lo dejan
Pero tienen que dejarlo
no pueden ser tan hijos de puta.
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hacete cojer hijo de una gran puta, no sabes una mierda de fobal, no sabes
Comment by Hostiongo January 25, 2007 @ 5:37 pm